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La Enfermedad Mortal de la Civilización

 


INTRODUCCIÓN

En otros artículos he analizado con cierto detalle la evolución de las civilizaciones, basándome en las teorías de la Historia de Gimbattista Vico, Oswald Spengler y Arnold J. Toynbee; así principalmente, para los lectores que quieran consultar estos temas, los he tratado en este, este y este artículo, aunque he de decir que, en general, una parte importante de los artículos que he escrito tratan, de alguna manera, de la evolución de las civilizaciones y claro, especialmente de la nuestra, que es la que más nos importa por razones obvias.

En este artículo quiero dar un repaso más sistemático a esas teorías de la evolución de las civilizaciones que he mencionado en el párrafo anterior, relacionándolas también con los nuevos hallazgos, con los estudios recientes sobre el funcionamiento del cerebro que, de alguna manera vienen a arrojar nueva luz sobre lo que ya los autores que he mencionado, y algunos otros más, han descrito en sus teorías de la evolución de las civilizaciones.

En realidad para juzgar lo pertinente o válido de una teoría sobre las civilizaciones no sería estrictamente  necesario ahondar en los cambios que éstas realizan en el cerebro, o mejor dicho en las adaptaciones fisiológicas que las civilizaciones imprimen en los habitantes de la misma, no obstante esa labor puede aportar nueva luz sobre lo que le sucede individualmente a los miembros de una sociedad. Como he comentado en repetidas veces en otros artículos, creo que las civilizaciones son como gigantescos macro-organismos que cambian, modifican, modelan a las "células" que las forman, en este caso a los propios seres humanos. Algunos de los historiadores que han tratado este tema, y que he mencionado antes, han apuntado muy certeramente en esa dirección, sin haberse siquiera basado en estudios científicos de ningún tipo, pero esos estudios que luego mencionaré sólo irían a corroborar lo que las observaciones de esos historiadores habían ya descrito.

Por otro lado a bastantes personas que lean este artículo les parecerá una "locura" siquiera pensar que nuestra civilización pueda estar en decadencia o pueda,  algún día, tener un final. La propia idea de que pueda experimentar una decadencia, o que ésta esté sucediendo actualmente, les parecerá absurda, ya que lo que nos espera, según nos han dicho desde hace muchas décadas, es que lleguemos a las estrellas y comencemos la Conquista del Espacio (como una especie de nueva epopeya yanki del Oeste). La razón fundamental que se alude en contra de que una decadencia y fin de nuestra civilización sea posible/probable es que, al contrario que todas las civilizaciones del pasado, la nuestra cuenta con La Ciencia; la nuestra, contrariamente al resto de las que han existido, posee una herramienta fundamental para conocer "La Verdad" y por tanto guiada con esta increíblemente potente herramienta, el inmenso ingenio humano encontrará la forma de superar todas y cada una de las crisis que se les pueda presentar....Por mi parte cada vez que escucho ese argumento me acuerdo de Oppenheimer.

Pero ¿ y si es esta forma de pensar, y no otra cosa, La Enfermedad Mortal de las Civilizaciones?

Como ya he mencionado en varios momentos en mis artículos, considero que la ciencia no es un ente ajeno a las inquietudes de la sociedad, no es ajena a la "cosmovisión" de la sociedad en que viven los científicos, o dicho de otra manera a sus "mitos"; y la forma que tiene la ciencia de enfrentarse a sus investigaciones, lo que se considera en un momento dado como "digno de investigarse" y la forma en que se aproximan los científicos a los objetos de estudio y sus resultados e implicaciones; todo esto está mediado, filtrado, modulado por los visiones pre-analíticas que impregnan la mente a los investigadores. Esto, creo, es inevitable y eterno.

Por ejemplo el autor Paul Forman en su artículo de 1971 titulado "Weimar Culture, Causality, and Quantum Theory", describe como había una actitud fuertemente crítica de los físicos alemanes respecto a la Causalidad y el Determinismo antes del desarrollo de la Mecánica Cuántica, cuyo desarrollo desató la conocida controversia sobre el alcance verdadero de esos conceptos y que perdura aún hoy día. Como Forman escribió en ese artículo, la cultura alemana "llevó a los físicos a esperar ardientemente, a buscar activamente, y a abrazar entusiásticamente una Mecánica Cuántica A-Causal". La Mecánica Cuántica  sería, en buena parte, "la respuesta del alma alemana a la asfixiante Causalidad anglo-sajona"; ese alma alemana con sus repetidas oleadas de Romanticismo y con el aliento, siempre de fondo, de Goethe-Schiller. Podríamos incluir al teorema de Incompletitud de Gödel en ese mismo ámbito.

Bueno luego los anglosajones, con su proverbial pragmatismo, usaron la Mecánica Cuántica para desarrollar las primeras bombas atómicas, como todos sabemos, y que ha sido expuesto por el cine en la reciente película "Oppenheimer" (2023); olvidándose, en buena parte, de las reales implicaciones sobre la naturaleza de la realidad a que esa teoría apunta.

Esto, por supuesto es una tesis muy discutible o directamente errónea para quien piensa que la ciencia es siempre aséptica y neutral, pero es que estoy convencido que en realidad los fenómenos tienen muchas formas de mirarse,  interpretarse y hay ocasiones en que, de improviso, se hacen "visibles" o bien se hace "aceptable" una determinada interpretación que antes, ciertamente, no era posible y esto ocurre, pienso, por razones culturales que "envuelven" el curso de las investigaciones y su aceptación última, o no, por la institución científica (aceptación en el Canon). Estos factores culturales serían, usando una metáfora matemática, "Atractores en el Espacio de Fases" que inducen una forma distinta de observar los fenómenos.

Como afirmó el filósofo estoico del siglo II d.c. Epicteto : "No son los hechos los que perturban a las personas, sino las interpretaciones de esos hechos".

Supongo que ha llegado el momento de que se haga  también "visible" lo que las civilizaciones "hacen" al cerebro de los ciudadanos que viven en ellas.


IAIN McGILCHRIST

(Dr. Iain McGilchrist)

Recientemente he tenido conocimiento de la obra del profesor y doctor en psiquiatría británico Iain McGilchrist, cuyas ideas sobre el funcionamiento del cerebro y su efecto sobre la sociedad me servirán de hilo conductor de este artículo, aunque, como he comentado antes, no es que la obra de este autor añada alguna conclusión muy relevante sobre lo que otros autores mucho antes que él habían descrito, sin embargo aporta otro punto de vista, otra visión al "Gran Cuadro" de la representación sobre la historia de las civilizaciones.

Como introducción a las ideas de este profesor os dejo dos vídeos, uno en español, para quien no domine el inglés y otro, más conciso y que me gusta más , en inglés (los subtítulos del vídeo en español contienen algunos errores):

En español:


En inglés:


Resumiré, a "grosso modo", la ideas que expone McGilchrist en estos vídeos y sus escritos:

Desde prácticamente el mismo nacimiento del cerebro como órgano bien diferenciado en los animales primitivos, hace unos 700 millones de años, se ha detectado en los fósiles una asimetría. que el autor considera "esencial", en la anatomía del cerebro de los animales, que se divide en dos hemisferios y que, en repetidos estudios con animales y humanos, se ha visto que despliegan formas de "atención", formas de "atender" al mundo, y por tanto de entenderlo, diferentes; ya que antes de entender es preciso "atender", prestar atención detenidamente al mundo de una determinada forma, ya que el mundo, en su inmensa complejidad, saturaría nuestra atención si intentáramos percibir con detalle todo lo que podemos percibir.

Según este autor debe haber una necesidad evolutiva fundamental para que el cerebro, como órgano, se haya desarrollado con esa asimetría desde el inicio de su evolución hace cientos de millones de años, y la razón que aduce es que evolutivamente tiene todo el sentido que existan dos formas fundamentales de "prestar atención" al mundo, y por tanto dos grandes grupos neuronales especializados en cada una de estas formas de atención: 

a) Una forma de atención donde el animal se focaliza de manera estrecha en realizar una determinada tarea, como es atrapar a una presa, desenterrar una raíz, seguir el rastro de un congénere o de una presa, construir un nido, combatir en una pelea con un rival, etc...Para estas tareas la mente necesita distinguir claramente la realidad, y fragmenta y reduce el flujo continuo de información que provienen del medio ambiente exterior, focalizándose en trozos claros y distintos que guíen la realización de una acción muy específica. En este modo de atención la realidad se percibe como concisa, concreta, discreta, clara, causalmente definida, separada del resto, predecible, potencialmente sujeta al control y al ejercicio del poder; esta manera de atención tiene claras ventajas evolutivas, al permitir prestar atención en detalle a tareas fundamentales, por ejemplo para alimentarse, defenderse ante ataques, las luchas para aparearse, etc..

b) La forma de atención anterior necesita ser complementada con otra forma de atender al mundo que implica una forma de percepción mucho más difusa (holística la llamaríamos), que serviría para detectar la presencia de depredadores o las intenciones de componentes de grupos de animales, de riesgos meteorológicos, la orientación en el espacio tridimensional, reconocer patrones complejos y asociarlos creativamente, etc....En este modo de atención el mundo, la realidad, se percibe de forma continua, hay una percepción mucho más amplia que en el modo de percepción del párrafo anterior aunque menos concreta, mucho más guiada por la intuición y factores en buena parte inconscientes; no está orientada al control y al poder, a hacer y completar una determinada tarea específica, un fin definido, sino a la adaptación, a la supervivencia, a la relación con los demás del grupo, etc.. Dada la inmensa complejidad de la realidad y su impredecibilidad inherente, esta forma de percepción sería también absolutamente necesaria.

Lo que he descrito antes como "formas de atención" parecen estar localizadas principalmente en zonas diferentes del cerebro; de tal manera que las formas de percepción descritos en el párrafo a) anterior residirían en el  hemisferio izquierdo y las formas de atención de punto b) en el hemisferio derecho. En sucesivos estudios con personas y animales con una lesión en uno de los hemisferios, además del uso de escáner y otros medios de detección de la activación cerebral al ejecutar determinadas actividades o pensamientos, se ha constatado esa especialización de los hemisferios. Esto que he comentado es válido tanto para los animales como para las personas.

Simplificando lo que, en realidad es mucho más complejo, la "división del trabajo" de los dos hemisferios cerebrales sería algo así:


La tesis del doctor McGilchrist, explicado de una forma muy resumida, es que las civilizaciones, al desarrollarse y hacerse más complejas,  inducen, aceleradamente, la pre-eminencia del modo de atención, y por tanto de actuar, propios del hemisferio cerebral izquierdo, haciendo de la forma de entender la realidad y sus valores asociados propios de este hemisferio los únicos verdaderamente dignos de ser tenidos en cuenta, y llevando a los miembros de la sociedad a una pura "orientación a fines definidos" tal y como afirmaba Max Weber respecto al nuevo racionalismo nacido de la Reforma Protestante que, en mi opinión, llevó a la forma actual de la Ciencia Moderna, como he explicado en otro artículo.
Con lo que se conoce como "Revolución Científica" de los siglos XVI y XVII la concepción que surge de la Naturaleza es que ésta no es más que una Máquina, inmensa y extraordinariamente compleja, pero con los atributos propios de ésta: reducible a partes, cuantificable, causalmente definida, determinada y determinable, que puede ser controlable con las herramientas de la Ciencia y de la Técnica. Esta forma de ver la realidad es la propia, según McGilchrist, del hemisferio cerebral izquierdo, con su tendencia a la obtención de recursos, al poder, a controlarlo todo, a reducir todo lo existente a números (cuantificación), a la manipulación de todo lo existente. La frase que resume esta nueva concepción del mundo la escribió René Descartes en 1637 en su famosa obra "Discurso del Método", cuando afirma que el objetivo de toda nuestra Ciencia, de todo nuestro conocimiento es "Hacernos Dueños y Señores de la Naturaleza" y la verdad es que hemos seguido a rajatabla su "mandamiento" con el estado lamentable de mundo que podemos observar.

Esta forma de ver el mundo, esa aproximación a la realidad como un exterior manipulable a través de herramientas de control y dominio, esa organización de la sociedad alrededor de la superior valoración del éxito en la apropiación de recursos (dinero) y de poder, esa pérdida de la sensibilidad a otros aspectos de la vida no pragmáticos, acaba induciendo una forma de operar destructiva para la naturaleza, para la relación con los demás y para nosotros mismos, que en su propagación en el tiempo y en el espacio, acaba destruyendo los cimientos de la propia civilización al acabar degradando tanto el medio ambiente en que la civilización reside, como el mismo cuerpo social de la misma.

Esta adaptación del ser humano al medio social es posible por la inmensa plasticidad del cerebro humano, que es en sí una gran ventaja evolutiva, de tal manera que es esa adaptación la que hace que las personas se adapten a un determinado "marco", a una Cultura, a una cosmovisión; y es su propia fisiología la que se ve modificada por el "super-organismo cultural" (en este caso la civilización). 

Por tanto esa "hipertrofia del hemisferio izquierdo" es la que sería, según este autor, en último término "La Enfermedad Mortal de la Civilización" (esta frase es mía, no del autor, pero la usaré como metáfora).

Mi crítica fundamental al doctor McGilchrist es que no le he oído mencionar a autores que le precedieron con  tesis similares; por ejemplo Giambattista Vico, con su famosa frase "La civilización comienza en una Barbarie de la Sensación y termina en una Barbarie de la Reflexión", donde el argumento es exactamente el mismo que el de McGilchrist. Por supuesto Giambattista Vico a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII no tenía escáneres cerebrales,  pero él, junto a otros autores que tampoco contaban con esos medios, habían ya descrito cual era esa deriva destructiva de las civilizaciones basándose en argumentos muy parecidos, que ya he descrito en varios artículos de este blog y que en este artículo volveré a detallar.

Voy a describir a continuación algunos aspectos de la degradación, en el cuerpo social, inducidos por lo que McGilchrist define como "forma de operar propia del hemisferio izquierdo" y que otros autores, como Spengler, ya describieron con anterioridad y predijeron su llegada en el caso de nuestra civilización.


EL MALESTAR EN LA CIVILIZACIÓN

(Anuncios ubicuos de clínicas de cirugía estética en el metro de Seul)

En otros de mis artículos, como el de título el Huracán del Progreso, ya he descrito con cierto detalle la extrema degradación que nuestra civilización ha causado y está causando sobre absolutamente todos los ecosistemas de la Tierra y la dificultad extrema de frenar o revertir esa situación, pero ahora no es mi intención detenerme en esa "espeleología" de los desastres que nuestras actividades están causando o sobre otras facetas de las crisis anidadas que padecemos, como es el progresivo agotamiento de los recursos que otros muchos autores han tratado y tratan extensamente con una mayor profundidad y rigor que el que yo pueda exponer aquí, por lo que quien tenga inquietudes en estos temas animo que lean a esos autores si quieren informarse al respecto. Por ejemplo recomiendo los libros y artículos de Antonio Turiel como una introducción a esta problemática. No, lo que pretendo hacer en este apartado es centrarme en una descripción, con algo de detalle, en la degradación de los cimientos humanos (sociales) de la civilización actual, que creo son tan relevantes como las otras crisis que nos rodean.

Estando, como estamos, insertos en la cotidianeidad en el seno de nuestra civilización, de nuestra sociedad, quizás no apreciamos bien en su conjunto los cambios dramáticos que han sucedido en los últimos siglos, y que han ido acelerándose en las últimas décadas con la sucesiva urbanización, globalización y tecnificación de la sociedad. 
El efecto que han tenido estos cambios sobre las personas es crear una separación profunda entre ellas, reducir o eliminar en gran parte los vínculos y rituales compartidos de las sociedades tradicionales, establecer un marco de relaciones basadas principalmente en la consecución de fines "prácticos" en un entorno competitivo y abstracto que premia la movilidad, la adaptación "internacional", las aspiraciones basadas principalmente en el éxito económico y la notoriedad que podríamos decir son los "valores" (si se me permite el uso de ese término) del hemisferio izquierdo y su tendencia al análisis frío, a la realización de tareas, al pragmatismo, a la cuantificación, al cálculo de coste-beneficio, a la especialización, a la separación de los ámbitos del conocimiento y vivenciales, a la inmersión en lo controlable, a la tendencia a controlar, a la exclusión de lo tenido como "accesorio" respecto a lo "fundamental", con su tendencia a lo repetitivo/adictivo, etc.... 

Pero la elasticidad y adaptabilidad del ser humano al medio, si bien muy grande, se hace, en ocasiones, a un coste alto, pues por alguna razón que desconocemos, pero que debe ser de mucho peso, en los seres humanos el tamaño del hemisferio crebral derecho es mayor que el izquierdo, como menciona  McGilchrist.

Para empezar con la descripción de los efectos  que tiene, sobre la vida emotiva de las personas, el desarrollo económico, el progreso, creo que nos puede servir como ejemplo paradigmático el caso de Corea del Sur.

Corea del Sur es un caso "de libro" de lo que se conoce como "milagro económico", de hecho se puede considerar más "milagro" que las recuperaciones económicas de Alemania o Japón, ya que estos países tuvieron una fuerte economía e industria que fue devastada por la 2ª GM, pero partían de una base de ingenieros, técnicos y población urbana trabajadora preparada para rápidamente relanzar las industrias destruidas; en el caso de Corea del Sur nada de esto existía pues en los años 60 del pasado siglo Corea del Sur era un país agrícola con una estructura socioeconómica similar a los países de África Subsahariana (se le comparaba con Ghana), pero en pocas décadas el PIB de ese país siguió esta trayectoria:


Todo este incremento del PIB se llevó a cabo por un inmenso proceso de urbanización, de cambios sociales acelerados en una sociedad cultural y emocionalmente aún en buena parte "agraria" con los valores propios de ese tipo de cultura, y es por eso que pienso que la sociedad coreana ha experimentado una suerte de "shock" por el cambio tan brusco en la forma de vida en muy pocas décadas. El hecho de que uno de los filósofos más de moda actualmente y que mantiene una feroz crítica a la sociedad contemporánea, Byung-Chul Han, sea surcoreano habla mucho de la desestabilización que este proceso ha causado en ese país.

Corea del Sur tiene la tasa de fertilidad por mujer más baja del mundo, en 2023 se estimó que fue de 0,72, batiendo su propio récord mundial del año anterior (0,78), lo cual ha llevado al gobierno de ese país a considerar esto como una "emergencia nacional"; se estima que para mantener estable la población la tasa de fertilidad tiene que ser de 2,1 (3 veces mayor que la actual de Corea del Sur) y los países más ricos (de la OCDE) tiene una tasa de del orden de 1,58, bien por debajo de la tasa de reposición pero no tan hundida como la de Corea del Sur. De hecho no se tiene noticias de un país completo que haya tenido, en toda la historia conocida de la Humanidad, una tasa de natalidad tan baja en tiempos de paz como Corea del Sur.
Hay que tener en cuenta que desde 2006 el gobierno de Corea del Sur ha gastado del orden de 247.000 millones de US$ en promover la natalidad, con efectos absolutamente nulos.
Por otro lado, según una encuesta del año pasado del gobierno surcoreano, sólo aproximadamente un tercio de los jóvenes surcoreanos tienen una visión positiva del matrimonio, siendo las opiniones de las chicas aún más minoritarias al respecto (sólo un 28% de las jóvenes lo consideran positivo), en 2012 la opinión positiva era del 56,5%. Quiere decirse que estamos ante una dinámica cultural profunda y que no tiene visos de mejorar en el futuro sino todo lo contrario, porque ya  no se trata sólo de tener hijos, es la propia idea de convivencia en pareja la que está en crisis en ese país, bueno, no sólo en ese país.
En un estudio realizado por al KISCH (Korean Institute for Sexual and Couple's Health = Instituto Coreano para la Sexualidad y Salud de la Pareja) de 2019 reportaba que Corea del Sur tenía la segunda peor estadística de frecuencia de sexo entre parejas, solo por detrás de Japón.
En otro estudio de la universidad Yonsei de Seul de 2021 se detalla que un 43% de las mujeres encuestadas y un 29% de los hombres no han tenido ninguna relación sexual en el último año, y lo que más llama la atención es que nada menos que un 24% de las mujeres (casi 1 de cada 4) declararon abiertamente que no estaban interesadas en ningún tipo de relación sexual en el futuro.

Otro tema donde Corea del Sur destaca negativamente entre los países de la OCDE es en los suicidios, en particular entre los jóvenes, donde es, con gran diferencia, la primera causa de mortalidad de los jóvenes, por ejemplo entre los 10 y los 24 años esta es la tasa de muertes por suicidio comparado con las otras 2 casas de muerte que les siguen como causas principales de fallecimiento:


En la gráfica anterior la línea azul son la tasa de fallecimientos por suicidios, la negra es por accidentes y la gris por cáncer, como puede verse la tasa por suicidio es mucho mayor que el resto de causas y además no deja de crecer.
Otro tema donde destaca Corea del Sur a nivel mundial es en las operaciones de cirugía estética, donde se considera a ese país La Capital Mundial de la Cirugía Plástica, donde es extraordinariamente frecuente que quien quiera tener una carrera "exitosa" en la vida profesional se "tunee" un poco su físico para tener una apariencia más "moderna", "mejor", como adaptación al hiper-competitivo mundo laboral coreano y la pérdida de los referentes estéticos tradicionales (por ejemplo una de las operaciones más demandadas es la de los párpados, para tener un aspecto que se parezca más a los ojos occidentales).

En realidad la baja natalidad, los bajos índices matrimoniales, la disminución del deseo de encuentros sexuales, las depresiones y suicidios de jóvenes, y las operaciones de cirugía estética son un mismo  "síndrome" que puede ser, en buena parte extrapolables, con mayor o menor intensidad, a todos los países desarrollados y recogen, en suma, el precio del apartamiento de las personas de lo que Jürgen Habermas llamaba "Lebenswelt" (el Mundo de la Vida) aplastado por las necesidades de los Sistémico, por el "imperio del hemisferio izquierdo": la presión sobre los niños y jóvenes para formarse y no ser unos "fracasados", las demandas continuas de formación y de adaptación de las empresas, los horarios laborables interminables, el coste de la vida, en particular de la vivienda, la soledad siempre creciente, la destrucción de la familia extensa, las redes sociales y sus dinámica competitiva de "a ver quien es más feliz", las relaciones y amistadas basadas principalmente en el  interés,  etc....Todos eso induce una presión emocional muy negativa sobre las personas que explican ese cuadro tan poco halagüeño y que les roba la misma vitalidad, cuyo "acoplamiento a la Máquina" social hace que el hecho de vivir se parezca cada vez más a una serie de actos "mecánicos" de cumplimiento de tareas necesarias con demandas siempre crecientes (donde gobierna rey el hemisferio izquierdo), pero donde se ha desterrado el juego, las artes, la creatividad "inútil" (la única verdaderamente importante), los rituales compartidos, el apoyo mutuo, la cercanía sentimental de los semejantes, etc...es decir, aquello que es el ámbito del hemisferio cerebral derecho.

Hay quien pensará: "estos son cosas de coreanos, en España estas cosas no pasan", bueno pues nada más lejos de la realidad. El llamado Barómetro de Juventud, Salud y Bienestar de 2023, que recoge los resultados de una serie de encuestas a jóvenes de 15 a 29 años en todo el territorio nacional recoge los siguientes resultados:

a) El 59,3% de los jóvenes manifiesta haber tenido algún problema de salud mental en el último año. Un 17,4% (casi 1 de cada 5), afirman que lo han tenido con frecuencia.

b) Aproximadamente 1 de cada 3 jóvenes (31,7%) han tomado psicofármacos en el último año.

c) El porcentaje de jóvenes que nunca han tenido una ideación suicida (47%), es menor que el porcentaje que si han tenido ideaciones suicidas (48,9%). Un 11,3% piensan en el suicidio con cierta frecuencia y nada más y nada menos que un 13,8% declara tener ideaciones suicidas con mucha frecuencia o continuamente.

d) Sólo el 14,8% aseguran que no han sentido soledad o aislamiento en el último año, es decir, la inmensa mayoría de los jóvenes (el 85,2%) consideran que han sufrido soledad o aislamiento en el último año, y un 45,3% lo han sentido con cierta o mucha frecuencia, es decir, no se trataría de un problema puntual en esos jóvenes.

Estudios similares se han realizado por todos los países desarrollados y el patrón se repite casi exactamente en todos ellos, hay una Guerra contra el Mundo de la Vida en curso, con la destrucción de los vínculos con la Naturaleza, con los otros y con nuestro propio cuerpo y espíritu, en el triunfo absoluto del modo de entender el mundo del "hemisferio izquierdo".

Tomemos por ejemplo el caso del Reino Unido, igualmente en una encuesta de la OCDE de 2018 sólo un 52% de los jóvenes respondían de forma afirmativa a la pregunta "mi vida tiene un claro sentido y propósito", uno de los porcentajes más bajos de mundo sólo empeorados por Taiwan y Japón.
Recientemente se ha constituido en ese país el llamado Ministerio de La Soledad, ya que el problema de la soledad en ese país ha llegado a considerarse ahora como una "emergencia nacional". ¿Y de verdad se considera un Ministerio de la Soledad algo normal?¿Es eso "progreso"?

Si nos vamos a otro país asiático como Japón, de todos es conocido la situación de los que en ese país se llaman hikokomoris, que viven perpetuamente recluidos en su habitación sin salir a la calle para nada, y que se estiman son 1,5 millones en ese país actualmente, con tendencia siempre creciente; ya este fenómeno no es sólo propio de Japón, un fenómeno similar se ha ido extendiendo por muchos países de mundo, y en Corea del Sur ha llevado al gobierno a lanzar un subsidio económico de unos 450€ al mes para tratar de persuadir a unos 350.000 jóvenes coreanos a que salgan de casa.

Si nos vamos a las estadísticas de consumo de fármacos, España es el país del mundo con mayor consumo "per cápita" de ansiolíticos, en particular de las Benzodiazepinas, porque podríamos llamar a esta La Civilización del Trankimazin. En cuanto a los antidepresivos, ya antes de la pandemia España estaba entre los 10 países que más los usaban "per cápita", y con la pandemia el efecto se ha agravado aún más. Estos son los países de la UE con mayor uso de antidepresivos en 2020 y como puede verse España es uno de los destacados:


Si hablamos de los EEUU en ese país hay una inmensa crisis de "muertes por desesperación" (alcoholismo, sobredosis de opiáceos, suicidios) que está afectando ya demográficamente al país y que se tiene también ya como una auténtica "emergencia nacional", por ejemplo la llamada "epidemia de Fentanilo" está haciendo estragos en una de la población.
El fentanilo es un opiáceo sintético relativamente fácil de fabricar y que es unas 50 veces más potente que la heroína, y al ser sintético  y no excesivamente complejo de fabricar, su precio es relativamente bajo y esto ha hecho que su uso se haya extendido como la pólvora y ha desplazado a otros opiáceos tradicionales. En este gráfico puede verse la evolución de las estadísticas de muertes por sobredosis y de ellas (en rojo) la provocadas por el fentanilo:


En 2022 murieron en USA del orden de 108.000 personas por sobredosis de drogas, y de esas muertes, relacionadas con el fentanilo fueron unas 74.000 muertes, es decir, del orden del 70% del total.
Para entender la magnitud de este verdadero desastre nacional mencionaré que en la Guerra del Vietnam, que fue un verdadero shock para la sociedad estadounidense, murieron unos 60.000 soldados americanos en los 10 años que duró la citada guerra (del 1965 a 1975), pero si lo comparamos con las muertes actuales por sobredosis tenemos que en 1 año mueren casi 1,5 veces tantos norteamericanos como los que murieron durante toda la Guerra del Vietnam; pero esto ya se ha "internalizado" como algo "normal" cuando es un verdadero desastre nacional, mucho peor, en término de vidas humanas, que todas las guerras que ha librado ese país en el pasado. En realidad lo que estamos viendo es una auténtica Guerra contra la Vida.
Si nos vamos a la toma de antidepresivos en ese país, en una estadística de 2018 se indica que el 13,2% de los adultos en USA habían tomado antidepresivos en el último mes, lo cual indica un uso generalizado de estos medicamentos en ese país, con tendencia siempre creciente. Y se supone que USA es el país más rico y poderoso del mundo que sería "la envidia" del resto de los países del mundo...

Podría seguir aportando más y más estadísticas de países, redactando muchos otros párrafos recogiendo datos similares de todos los países desarrollados, pero creo que ya se puede tener una visión clara del argumento: hay un malestar mental/emocional fuertemente creciente en nuestras sociedades y NO admite una explicación puramente economicista, como muchos hacen, ¿o es que es ahora cuando, por ejemplo, los españoles han tenido menos dinero o han vivido con más desempleo, con más problemas económicos, políticos o sociales que nunca?, evidentemente no es así, y es que estoy convencido que este profundo malestar no es un tema de recursos económicos sino que hay dinámicas subyacentes que ya he mencionado y que está abocando a la sociedad a un auténtico callejón sin salida emocional.

No, creo que lo que existe en general es una guerra contra La Vida, contra la Naturaleza y contra la propia naturaleza humana, que es parte, también, de la Naturaleza.

Creo que es el momento de analizar a otros autores que en el pasado han alertado de esta problemática y que podemos aportar alguna luz usando la terminología del dr., McGilchrist como metáfora adicional.


NIETZSCHE: DIONISOS Y APOLO

(Apolo y Dionisos)

Al leer las tesis sobre los modos de atención del doctor McGilchrist no pude evitar que me vinieran a la mente las tesis contenidas en el famoso libro de Nietzsche "El Origen de la Tragedia" (1872) sobre esa forma de expresión artística, la Tragedia, en la civilización griega. 

La descripción que hace el doctor McGilchrist de los modos de atención de los hemisferios cerebrales, en mi opinión, se podría  asemejar a la descripción que Nietzsche hace de la "visión Apolínea" y la "visión Dionisíaca" de la vida, como dos gigantescas formas de percibir y sentir la realidad; haciendo un símil un tanto atrevido, diríamos que el hemisferio cerebral izquierdo sería el "hemisferio Apolíneo" y el derecho el "hemisferio Dionisíaco".

Apolo es el dios de la luz, de la claridad, de lo objetivo, de lo distinto, de los preciso (con su arco con el que hiere a distancia), de la razón, de la individualidad; usando la terminología de Schopenhauer Apolo sería "La Representación". 
Dionisos, en cambio, es el dios de la embriaguez, de lo colectivo, de lo Uno, de la unión con la naturaleza, de lo instintual, de lo subjetivo, del Deseo, de la sabiduría no-racional, de lo misterioso e inexplicable, usando la terminología de Schopenhauer, Dionisos es "La Voluntad", lo que subyace a todo lo que ocurre en el mundo.  
Este símil se correspondería también con la tesis central de "El Mundo como Voluntad y Representación" (1818) de Schopenahuer, que tanto influyó en Nietzsche, en particular en su primera época.

Las tesis de Nietzsche en ese libro son que inicialmente, en la cultura griega antigua existía un equilibrio esencial entre esas dos formas de percepción del mundo: la forma apolínea y la forma dionisíaca, de tal manera que en la Tragedia Ática la profunda sabiduría dionisíaca, "La Voluntad", conseguía ser sacada a la luz y manifestada gracias al impulso apolíneo, "La Representación"; pero este equilibrio acabó siendo destruido a partir de la época de Sócrates y su racionalismo, con su influencia en los autores de tragedias, especialmente Eurípides, al cual critica Nietzsche ferozmente a lo largo de su texto.

En realidad Nietzsche es, en buena parte, deudor de Aristófanes, que fue un muy famoso escritor de comedias coetáneo de Sócrates y Eurípides, el cual "olfateó" y escribió en sus comedias una crítica a estos autores que no se aparta mucho de las tesis que luego redactaría Nietzsche más de 20 siglos más tarde.
Aristófanes hizo una severa crítica a Sócrates en su obra "Las Nubes" (423 a.c.) donde igualaba la forma de pensar y los argumentos del gran filósofo a los de los sofistas coetáneos, y alertaba del relativismo moral racionalista y el efecto que sobre las tradiciones de la polis tenía esa nueva forma de pensar, que para el autor, traería al final la ruina a la ciudad.
La crítica de Aristófanes a Eurípides en "Las Ranas" (405 a.c.) es aún más feroz que la de Sócrates y el argumento principal es que los personajes de las tragedias de Eurípides ya no son esos personajes gigantescos de Esquilo, esos arquetipos tremendos atravesados por un destino implacable, sino que Eurípides construye sus tragedias con personajes que podrían ser como tú, lector, o como yo, personas "normales" con sus miedos, inseguridades, mezquindades, errores, y al construir de esta forma sus tragedias Eurípides arrasaría, tanto para Aristófanes como para Nietzsche, con la inmensa grandeza inefable de las tragedias antiguas, reduciendo las mismas a un juego moral intelectual/racional. 
Hay que decir que Sócrates sólo iba al teatro cuando representaban una obra de Eurípides, que eran las únicas que eran de su gusto, por lo que había una perfecta sintonía entre el paladar racionalista de Sócrates y el de Eurípides.

Pero oigamos lo que tiene que decir Nietzsche sobre lo dionisíaco en "El Origen de la Tragedia":

"Bajo el encanto de la magia dionisíaca, no solamente se renueva la alianza del hombre con el hombre; la naturaleza enajenada, enemiga o sometida, celebra su reconciliación con su hijo pródigo, el hombre....Entonces el esclavo es libre, caen todas las barreras rígidas y hostiles que la miseria, la arbitrariedad o la "moda insolente" han levantado entre los hombres. Ahora, por el evangelio de la armonía universal, cada uno se siente no solamente reunido, sino Uno, como si hubiera desgarrado el velo de Maya y sus pedazos revoloteasen ante la misteriosa "Unidad Primordial"...Un suspiro sentimental de la Naturaleza, que gime al verse desgarrada en individuos, pasa a través de estas fiestas..."
"El huracán de vida ardiente de los ensueños dionisíacos"

En lo dionisíaco desaparecen las diferencias, el mundo es Uno, fluido y continuo, hay una relación inherente entre todas las cosas, con la Naturaleza y con los demás; y en las fiestas dionisíacas todas las barreras desaparecen en la embriaguez, en la suprema hermandad que todo lo reúne, que es la base de las fiestas ancestrales.

Por otro lado en ese mismo libro dice Nietzsche sobre Sócrates:

"Investigar las causas y distinguir el verdadero conocimiento del aparente y del erróneo, pareció al hombre socrático la vocación más noble, la única digna de la Humanidad; y desde Sócrates, este mecanismo de los conceptos, juicios y deducciones fue considerado el más alto favor, el presente más maravilloso de la Naturaleza, y estimado por encima de todas las demás facultades"

Pero Nietzsche advierte claramente de los límites de esa visión socrática de la vida en la forma de la Ciencia:

"Pero ahora la Ciencia, aguijoneada por su vigorosa ilusión, corre presurosa e indetenible hasta aquellos límites contra los cuales se estrella su optimismo, escondido en la esencia de la lógica. Pues la periferia del círculo de la ciencia tiene infinitos puntos, y mientras aún no es posible prever en modo alguno cómo se podría alguna vez medir completamente el círculo, el hombre noble y dotado tropieza de manera inevitable, ya antes de llegar a la mitad de su existencia, con tales puntos límites de la periferia, donde su mirada queda fija en lo imposible de esclarecer. Cuando aquí ve, para su espanto, que, llegada a estos límites, la lógica se enrosca sobre sí misma y acaba por morderse la cola - entonces irrumpe la nueva forma de conocimiento, el conocimiento trágico, que, aun sólo para ser soportado, necesita del arte como protección y remedio."

Dice el párrafo anterior "la Ciencia.....corre presurosa e indetenible hasta aquellos límites contra los cuales se estrella su optimismo, escondido en la esencia de su lógica..." donde Nietzsche parece anticipar la secuencia de crisis epistemológicas y de todo tipo que traerá el siglo XX y el conjunto de destrucciones y desastres que esta visión estrecha de la vida traerá a la civilización y que vemos a nuestro alrededor.

Con un argumento similar al de Nietzsche el matemático y filósofo inglés de principios del siglo XX Alfred North Whitehead dijo:

"Una cultura está en su mejor momento justo antes de comenzar a analizarse a sí misma."

La racionalización en el arte, en la cultura en general, lleva implícito su decadencia, y la cultura es, a la postre, una manifestación de la general vitalidad y creatividad de una civilización y la "Barbarie de la Reflexión" (Vico) es el mayor indicador de su pronta decadencia.



OSWALD SPENGLER

(Oswald Spengler)

El viejo Spengler es el autor que, junto con Arnold J. Tounbee, pienso ha esbozado de forma más completa y sistemática la evolución de las civilizaciones, aunque muchos autores e historiadores (la inmensa mayoría) no comparten las tesis expuestas en su magna obra "La Decadencia de Occidente" (1918).
No voy a describir aquí las tesis principales de ese libro, que ya he abordado en parte en otro artículo de este blog, pero sí me centraré en aspectos relevantes que se parecen o tienen relación con las tesis del dr. McGilchrist antes expuestas.

Oigamos como Spengler (recuerdo que escribió este texto en 1918), habla sobre la pérdida de la vitalidad de "el último hombre" residente en las inmensas ciudades de las fases tardías de las civilizaciones:

"Esta emoción, empero, ha perdido todo sentido para el hombre de la ciudad. El urbano no percibe ya como un deber de las sangre la necesidad de transfundirse en otros cuerpos a través del mundo visible; no siente ya como una fatalidad horrenda el destino del que se queda el último, sin sucesión. No nacen niños; y la causa de ello no es solamente que los niños se han hecho imposibles, sino, sobre todo, que la inteligencia en tensión no encuentra motivos que justifiquen su existencia. Sumergíos en el alma de un aldeano que de tiempo inmemorial vive en su campo o que ha tomado posesión de un trozo de tierra para establecer en ella su sangre. Este aldeano arraiga como descendiente de sus abuelos o como abuelo de sus futuros descendientes. Tiene su casa y su propiedad, y esta relación no significa aquí una compenetración laxa de cuerpo y bienes para pocos años, sino un lazo intimo y perdurable entre la tierra eterna y la sangre eterna. La sedentariedad en sentido místico es la que confiere a las grandes épocas del ciclo vital—generación, nacimiento y muerte—ese encanto metafísico que encuentra su repercusión simbólica en las costumbres y la religión de todas las poblaciones campesinas. Pero nada de esto existe para «el último hombre». Inteligencia e infecundidad van unidas en las familias viejas, en los pueblos viejos y en las culturas viejas."

Para muchos, pudiera parece que la pérdida de fertilidad es un fenómeno sólo de nuestra civilización, que no ha sucedido en el pasado, pero Spengler, que aún no había sido testigo de esa caída tan fuerte de la natalidad en nuestra civilización occidental (escribe en 1918), ya la profetizaba y la comparaba con lo que ha ocurrido en el pasado en la civilización Greco-Romana, en Babilonia o en la India y ese es el gran mérito de los análisis comparativos de Spengler. 

Dice Spengler en "La Decadencia de Occidente":

"La abundancia de nacimientos en las poblaciones primitivas es un fenómeno natural, sobre cuya existencia nadie medita—y menos aún sobre la utilidad o perjuicio que pueda causar—, Pero cuando en la conciencia aparecen motivos que plantean problemas vitales es que la vida misma se ha hecho ya problemática. Entonces comienza a notarse una leve limitación de la natalidad —ya Polibio la lamenta y la llama la fatalidad de Grecia; pero existía sin duda antes en las grandes ciudades y había adquirido en la época romana una extensión tremenda—. Este descenso de la natalidad se funda primero en la necesidad material. Pero más tarde ya no se le puede encontrar fundamento ninguno. En la India budista como en Babilonia, en Roma como en las actuales ciudades."


Spengler menciona la famosa Lex Iulia de Maritandis Ordinibus que contenía una serie de medidas para promover la natalidad, la cual estaba en franca decadencia, ya en el tiempo del emperador Augusto, caída de la natalidad que no fue sino acentuándose en los siglos posteriores, pesar de todas las medidas y leyes adoptadas por el estado romano.

Una de las tesis centrales de Spengler es el paso de la Cultura a la Civilización en el curso del devenir de las civilizaciones; según este autor el paso de la una Cultura a su fase de "Civilización" ocurre cuando son las grandes ciudades las que dominan completamente la vida de la sociedad (civilización viene de "civitas": ciudad); para este autor esa preminencia total de la gran ciudad, que acaba imponiéndose al mundo rural y a las pequeñas ciudades, es el síntoma del inicio de la decadencia.

La gran ciudad, para Spengler, es el reino del Dinero, pues en ellas ya las relaciones no están basadas en las tradiciones, en las relaciones personales, en la religión o los diferentes estamentos de la estructura social anterior, sino que es en la ciudad donde reina el dinero y la burocracia estatal (dos caras de la misma moneda); y las relaciones entre los individuos cada vez están más medidas exclusivamente por los intercambios monetarios, induciendo un modo de pensar pragmático orientado a la obtención de recursos económicos, a la cuantificación y racionalización de todo, es decir, acaba tomando preminencia lo que McGilchrist considera el modo de "atender" y "entender" el mundo propio del hemisferio izquierdo.
En la ciudad las personas viven alejadas completamente de la naturaleza y sus ritmos, es el ámbito donde predomina todo lo hecho por el ser humano, donde todo está regido y gobernado por las personas, bajo el absoluto control humano, perdiéndose la noción de los ciclos naturales, de los cambios impredecibles y en general de la complejidad de la naturaleza; todo eso hace que se considere a la naturaleza como una mera fuente de recursos y sumidero de basuras, todo considerado como al servicio de lo seres humanos, y esto conlleva, tras unos siglos, el agotamiento y la destrucción de la base material que en realidad sostiene a la propia civilización.

En el estilo un tanto rimbombante de Spengler, éste escenifica esa lucha de la gran ciudad por el control de todo, como la lucha, "la rebelión de la Sangre contra el Dinero"; escribe Spengler:

"Una lucha desesperada atraviesa la historia económica de toda cultura, lucha que la tradición, arraigada en el suelo, y el alma de una raza llevan contra el espíritu del dinero. Las guerras de aldeanos al comienzo de toda época posterior —en la Antigüedad 700-500, entre nosotros 1450-1650 y en Egipto al final del Imperio antiguo—son las primeras rebeliones de la sangre contra el dinero, que, desde las ciudades ya poderosas, alarga la mano hacia el campo. La advertencia del barón de Stein: «Quien moviliza el suelo lo deshace en polvo», alude a un peligro de toda cultura..." 
"...El dinero aspira a la movilización de todas las cosas. La economía mundial es la realización de la economía en valores abstractos, separados del suelo, liquidados. El pensamiento antiguo ha transformado, desde los días de Aníbal, ciudades enteras en monedas, poblaciones enteras en esclavos y, por tanto, en dinero, que se precipita hacia Roma para actuar allí como potencia. El pensamiento fáustico «abre al tráfico» continentes enteros, descubre potencias hidráulicas de gigantescos ríos, aprovecha la fuerza muscular de poblaciones enteras, establece depósitos de carbón, explota bosques vírgenes, desvía leyes naturales y convierte todo esto en energía financiera, que se invierte luego en forma de prensa, elecciones, presupuestos, ejército, para realizar planes de dominio. Cada día se extraen nuevos valores de la parte del mundo que aun queda indiferente al negocio, «espíritus durmientes del oro», como dice Juan Gabriel Borkman"

De lo que habla Spengler en el párrafo anterior es de las diferentes revueltas de los campesinos, como la de 1525 en Alemania y que se reproducen por toda Europa hasta la década de 1650, como respuesta a la cancelación de los acuerdos tradicionales de tenencia de tierras y a las leyes del Cercamiento (Enclosures) en virtud de la nueva economía monetaria naciente (Capitalismo en nuestro caso), que despojaron a los campesinos de buena parte de su forma de vida mantenidas en virtud de los acuerdos tradicionales de usos de la tierra de la Edad Media, y los empujó a las grandes ciudades para ser el  futuro proletariado, la mano de obra barata de la posterior Revolución Industrial y sobretodo aportaron el material humano para la conquista y poblamiento de las colonias de ultramar, haciendo que los desposeídos de la vieja Europa desposeyeran a su vez a los habitantes indígenas de los países colonizados, extendiendo así el poder del Dinero a lo largo y ancho del mundo.

Para Spengler en las fases tardías de la civilización un determinado país que formaba parte de la periferia de la civilización es el que acaba controlando a ésta. Por ejemplo en el caso de la civilización Greco-Romana (que el llama "Apolínea") es Roma la potencia periférica (a Grecia) que acaba controlando a toda la civilización greco-romana; en el caso del Islam es el Imperio Otomano, siendo Turquía una región más bien periférica durante buena parte de la historia del Islam; y en el caso de nuestra civilización (que Spengler llama "Fáustica") se trata de los Estados Unidos de América, que es también un país de la periferia de nuestra civilización europea y que sólo hace poco más de 100 años ha llegado a ser hegemónico.
Las características fundamentales de esas sociedades de la periferia que acaban controlando a los países "centrales" de la civilización es su pragmatismo, su orientación al poder, y su falta de cualquier carácter "metafísico". 
Era un tanto absurdo, para el alma colectiva de la élite de Roma, querer ser un filósofo o un artista.  Roma es el hogar de los políticos, de los generales, de los ingenieros, de los magnates de los negocios, en general de los hombres de acción en busca de dinero y de poder. No se fundó ninguna escuela filosófica verdaderamente original en Roma, y los poco filósofos romanos que destacaron lo hacían en escuelas filosóficas creadas y en su mayor parte formuladas por griegos. 
Igualmente hoy día si algo caracteriza a la sociedad norteamericana y a sus líderes es el pragmatismo y la orientación a la búsqueda de la riqueza y el poder, desplegando inmensos ejércitos a lo largo y ancho del mundo para mantener el control. Las grandes creaciones artísticas, los grandes logros filosóficos, incluso los logros científicos más relevantes de la civilización "Fáustica" han sido hechas por europeos, aunque han sido los norteamericanos lo que han destacado más en las aplicaciones prácticas, por ejemplo, de esos logros científico-técnicos.

La decadencia de la civilización, en Spengler, es consecuencia de la pérdida de vitalidad de los habitantes de la misma, de la caída demográfica, del abandono de los campos, de la destrucción del medio natural y social que hace a la civilización extraordinariamente vulnerable a los "shocks" internos y externos que acaban, en unos siglos, destruyéndola, con la consiguiente llegada de lo que se conoce como "Edad Oscura" que es un período de disolución del orden previo con una re-ruralización de la sociedad y el comienzo, normalmente, de otro ciclo civilizatorio.

Por tanto el análisis de McGilchrist al señalar que es la creciente tendencia de de la civilización desarrollada a primar los "valores" propios del hemisferio cerebral izquierdo acaban llevando a la decadencia y final de la misma, es similar a la génesis de la decadencia de las civilizaciones de Spengler por el triunfo del Dinero, que se hace inevitable con el auge de las grandes ciudades que son causa y efecto a la vez de ese triunfo y cuya "cosmovisión" es, punto por punto, la descrita por McGilchrist como la forma propia de entender el mundo del hemisferio cerebral izquierdo.

Hay, por tanto, una total sintonía entre las ideas del dr. McGilchrist y los autores que he comentado anteriormente (Vico, Nietzsche y Spengler) respecto a la evolución de las civilizaciones y los motivos últimos de su decadencia, los cuales encuentro muy verosímiles, por lo que en realidad este nuevo análisis, si bien no añade nada significativamente nuevo, sí complementa, creo, los análisis de los otros autores.

Por tanto revertir el curso destructivo de una civilización no reside en la búsqueda de "técnicas" o "modos de organización" o "estrategias" que nos ayuden a mejorar la "sostenibilidad"; todas esas serían, en el fondo, herramientas del hemisferio izquierdo que no cambian, de forma fundamental, nuestra forma de ver el Mundo, la percepción de la Realidad. Para frenar, detener o revertir la destrucción que vemos a nuestro alrededor se requiere cambiar completamente la cosmovisión, se requería "regresar", de corazón, a otras cosmovisiones que hemos ya descartado, y aunque no deberíamos perder la esperanza, lo cierto es que no ha ocurrido nada parecido en toda la historia de las civilizaciones, pues éstas han seguido su curso y han agotado sus posibilidades hasta su propio fin y la verdad no se me ocurre como la nuestra pueda salir de esa misma "trampa".

Lo que si ocurrirá, porque es también un rasgo propio del ser humano, es la progresiva adaptación a esa misma decadencia, y en ese sentido Spengler aventura la llegada de lo que él llama "la Segunda Religiosidad", en un anhelo de llenar buena parte del vaciamiento vital de las fases decadentes de las civilizaciones con formas de piedad religiosa. Dice Spengler:

"Por último, en la senectud de la civilización incipiente extínguese el fuego del alma. La fuerza, que declina, se atreve aún, con éxito mediano—es el clasicismo que encontramos en toda cultura moribunda—, a acometer una creación magna; el alma piensa otra vez—es el romanticismo—, con melancólica añoranza, en su niñez pasada. Al fin, rendida, hastiada y fría, pierde el gozo de vivir y anhela—como en la época romana— alejarse de la luz milenaria y sumergirse de nuevo en la negrura mística de los estadios primitivos, en el seno materno, en la tumba. Este es el encanto de la «Segunda Religiosidad» que los cultos de Isis, Mithra y el Sol ejercían sobre los antiguos en su postrimería; esos mismos cultos que un alma nueva, en Oriente, había inventado como primera manifestación angustiosa y ensoñada de su existencia en este mundo y había llenado de inédita intimidad"


Suerte a todos.

La Democracia y la Decadencia de Occidente

Julius Caesar

Introducción

Este artículo es fruto del inmerecido ofrecimiento que mi estimado Dr. Carlos de Castro me hizo con el fin de publicarlo en 15/15\15, revista que leo con cierta frecuencia ya que en ella se abordan temas de extraordinario interés para quien se preocupe por el devenir de nuestra sociedad, más allá de las anécdotas manidas de las discusiones políticas del día.
La reflexión que aborda este artículo proviene de varias fuentes que me hicieron meditar sobre el destino a corto, medio y también largo plazo de la sociedad en la que vivimos. Las lecturas que atrajeron mi atención fueron fundamentalmente dos artículos:
  1. El artículo “Why we are underestimating the American Colapse?
  2. El artículo “The Signs of Deconsolidation” publicado en la revista Journal of Democracy, January 2017, vol 28.
Estas lecturas y el intento de darles una significación/explicación, me trajeron a la memoria la teoría de la Historia de Oswald Spengler, magníficamente descrita en su libro La Decadencia de Occidente (1918), que en realidad en alemán tiene un título más poético pues Der Untergang des Abendlandes debería traducirse mejor, siguiendo el espíritu poético del autor, como “El Hundimiento de las Tierras del Ocaso”, es decir, de los territorios allí donde el sol se pone (sí, Occidente, donde vivimos); la fuerte simbología del título refuerza el mensaje del autor sobre el destino de nuestra Civilización. Y también me ha ayudado en esta reflexión, cómo no, la magna obra de Arnold J. Toynbee Estudio de la Historia.
Ambas lecturas y la relación con la obra de Spengler y Toynbee fueron la base de mis aportaciones en un podcast que grabamos hace unos meses para el Colectivo Burbuja, en el cual me honro en participar de vez en cuando.
Pero antes de pasar a hablar de Spengler o de Toynbee, merece la pena que indique qué fue lo que me llamó la atención de los artículos anteriores, que, pese a abordar una temática que no es nueva, sí que han logrado aparecer en los medios de comunicación mainstream, cosa no tan nueva en los últimos tiempos.
El artículo sobre el “American Collapse” tiene de subtítulo “The Strange New Pathologies of the World’s First Rich Failed State” (Las extrañas nuevas patologías del primer Estado fallido rico del mundo). Bajo este título tan rotundo el autor se detiene a analizar los inmensos problemas sociales que se viven en Estados Unidos; en particular menciona, por ejemplo, los 12 tiroteos en escuelas e institutos en 23 días (el artículo es del 25-1-18), que son estadísticas más propias de estados en guerra o que padecen una insurrección armada grave (lo compara con Irak o Afganistán), que de un país estable y rico de Occidente. Esta patología de los tiroteos y masacres en las escuelas la considera el autor como “unique to America” (único de América), entre países desarrollados y no desarrollados; desde luego la frecuencia con las que los norteamericanos matan aleatoriamente a sus vecinos parece un fenómeno único en el mundo. Otro de los problemas resaltados en ese artículo es la “epidemia de opiáceos” con unos 60.000 muertos relacionados con el abuso de estos compuestos en 2016, más muertos que en toda la guerra de Vietnam que duró unos 10 años y supuso un shock profundo dicha misma sociedad; o bien, el problema de cientos de miles de ancianos cuya jubilación no les permite subsistir y recorren el país de un trabajo temporal precario a otro, junto al precariado joven, todo ello es también “unique to America” respecto al resto de los países desarrollados del mundo (de momento).
Pero lo que al autor de este artículo, Umair Haque, más le sorprende, no es que sucedan estos problemas sociales, sino la postura que la sociedad en su conjunto toma ante ellos: no hay la mínima reacción a los mismos, y al contrario de la guerra del Vietnam o el caso de los Derechos Civiles en los estados del Sur, no hay ningún tipo de movilización de la sociedad civil ante estos problemas, que se entienden, por tanto, como no problemáticos, parte de la normalidad, aunque sea dolorosa. Para este autor este es el síntoma más claro del verdadero colapso social, del fracaso estrepitoso de esa sociedad que recuerda a la dinámica del colapso soviético y de otras sociedades en profunda decadencia. La completa destrucción de la empatía y de los vínculos sociales de una sociedad son los síntomas más claros de su decadencia social acelerada, es decir, de su lento camino hacia el colapso.
En el otro artículo que menciono, el de la revista Journal of Democracy de título “The Signs of Deconsolidation” se analizan una serie de encuestas, realizadas por la entidad European and World Values Survey en una serie de países occidentales entre los años 2010 y 2014, es decir, bastante antes del Brexit y de la elección de Trump como presidente de los EE. UU., donde se recogían las opiniones de diferentes colectivos ante la democracia. Por ejemplo, estos son resultados de dichas encuestas en varios países:
Across the globe the young are less interested in Democracy
En las gráficas anteriores vemos las respuestas de los encuestados de los diferentes países ante la pregunta “¿Es esencial vivir en democracia para usted?”, mostrando el tanto por ciento de personas que responden “SÍ” a dicha pregunta, divididos según la década en la que nacieron.
Lo que verdaderamente asusta de las gráficas anteriores es que en esos países, a medida que las personas son más jóvenes, el porcentaje que responde que “vivir en democracia es esencial” baja, y esto sucede en todos los países encuestados, muchos de ellos con una tradición democrática de siglos, como es el caso de Reino Unido, EE. UU., Australia, Nueva Zelanda, Países Bajos o Suecia, todos ellos países con rentas per cápita de las más altas del mundo. Un ejemplo espectacular es el caso del R.U., donde entre los encuestados nacidos en la década de 1980, menos del 30% consideran que es “esencial” vivir en democracia. Y luego hay quien se sorprende del Brexit…
Alguien podría pensar que todos los encuestados deben ser personas de ultraderecha, pero nadie se cree que más del 80% de los jóvenes ingleses sean de esta ideología. Y si lo son, ¿no es síntoma eso de que algo muy grave está sucediendo en una sociedad? Pero en este caso, según se apunta, en realidad este efecto no se circunscribe a ninguna ideología política específica.
Dentro de estas mismas encuestas se hizo la pregunta de la opinión de los encuestados sobre la posibilidad de que un “líder fuerte” rija los destinos del país “sin parlamento ni elecciones”. En la siguientes gráficas puede verse cómo ha cambiado a la opinión al respecto desde 1995 a 2011 en los EE. UU.
Young Americans more open to having a strong leader
Puede verse que en los rangos de edad más jóvenes (décadas de nacimiento más cercanas al día de hoy) crece la opinión positiva hacia los “líderes fuertes” cuanto más jóvenes son los encuestados. Sin ambargo, se aprecia un gran cambio entre 1995 y 2011. Y, si nos vamos a los nacidos en la década de 1980, la opinión favorable a los “líderes fuertes” es del orden del 45%, mucho mayor que las cohortes de mayor edad y acercándose a ser la opinión mayoritaria, lo cual, siendo el país más poderoso, con el ejército más potente de la Tierra y con un arsenal nuclear impresionante, no es precisamente tranquilizador para la preservación de la paz mundial.
Tengo que concretar que estas encuestas son de 2014, es decir, anteriores a que Trump fuese elegido presidente e incluso antes de que participase en las primarias del partido Republicano, y también anteriores al Brexit, por lo que no pueden catalogarse como efectos de la oleada reciente de populismo autoritario como alguien podría concluir; estas tendencias son anteriores, crecientes y soterradas y hablan de algo fundamental en el funcionamiento de la sociedad. No señalan una moda o fenómeno pasajero (como sostienen los medios de comunicación de masas actualmente). Es decir, la causación es inversa, es a consecuencia de estas tendencias, que llevan décadas fraguándose, que podemos explicar a Trump, al Brexit o el auge de los populismos de derechas por todo el mundo, y no a la inversa.

Spengler y la Decadencia de Occidente

Y ahora es cuando podemos empezar a hablar del viejo Spengler, que sonreiría irónicamente si pudiese leer esas encuestas.
Spengler tenía una teoría “orgánica” de la Historia, y pensaba que todas las civilizaciones pasaban inevitablemente por las mismas fases que los organismos vivos, esto es: nacían, crecían, llegaban a su plenitud, entraban en decadencia y acababan desapareciendo. Desde luego, esa podemos decir que ha sido la trayectoria de todas las civilizaciones del pasado; y, para Spengler, la Civilización Occidental, que llamaba “Fáustica”, no será una excepción, a pesar de que esto contradecía y contradice el pensar mayoritario de los miembros de nuestra civilización (como ha ocurrido, por cierto, en el resto de todas las civilizaciones las cuales sentían todas eternas y ser la cima la Humanidad). Es mayoritario el pensamiento de que de alguna manera nuestra civilización, liderada por la Razón, la Ciencia y la Tecnología desarrolladas a partir del Renacimiento, es nada más y nada menos que la evolución natural del Ser Humano como especie, y no un caso particular más de civilización, una forma de entender el mundo entre otras muchas posibles. No, el destino de nuestra civilización, según el consenso existente, era —y es— sacar al Ser Humano, hasta en el último rincón del Mundo, de las tinieblas de la miseria, el miedo, la ignorancia y la superstición y encaminarnos hacia nuestro destino más allá de las estrellas… ¿Verdad que sí? Pero para Spengler no (bueno y en la actualidad para una minoría de personas, entre las que me incluyo, tampoco), y osa afirmar que nuestra civilización también perecerá, como el resto de las civilizaciones que la precedieron, junto con sus propios e inmensos sueños de grandeza.
Oswald Spengler
Oswald Spengler. Fuente: Wikimedia Commons.
Hay que decir que Spengler entendía que la Ciencia y la Tecnología modernas son específicas de nuestra civilización, son formas de observar y explicar el Mundo propias de nuestra civilización, no son verdades absolutas trascendentes más allá del Tiempo y del Espacio, y que a cada civilización corresponde una Matemática, una Física, un universo de conceptos, una Música y unas Artes Plásticas, todos específicos para los problemas y “visiones” que se plantean a los sujetos en el seno de la propia civilización; es decir, cada cultura, y por tanto cada civilización, desarrolla una “Cosmovisión”, que no es más que una “Representación” del mundo, no el Mundo (desde Kant es hasta absurdo preguntar qué sea eso del “Mundo en Sí”). Los científicos modernos, impregnados, aún, de platonismo, consideran que pueda existir una matemática aún sin mentes humanas que la sostenga, así pues las verdades matemáticas vagarían flotando en una especie de “Universo de las Ideas” por siempre jamás. Por contra, para Spengler (y otros), la matemática es un “discurso” sobre las formas en que la mente humana ordena determinados conceptos lógicos, los cuales no existen, como tales, en el mundo natural; es una creación de la mente humana (¿alguien vio alguna vez una línea recta mono-dimensional en el mundo?). Además, su forma última, los aspectos en los que se centra-enfoca, son reflejo de una determinada percepción de la realidad que hace una determinada Cultura, lo que usando el término de la teoría vitalista de la Ciencia de Goethe llamaríamos “ur-phänomen”, o sea las “visiones primordiales” de una cultura que lo llenan todo en el mundo interior de las personas que la habitan.
Otro aspecto fundamental de la teoría de la Historia de Spengler era su oposición entre Cultura y Civilización. Para Spengler los entes relevantes en la Historia, los agentes reales del devenir histórico, son las Culturas, que son la manifestación de un modo de entender El Mundo, son “almas colectivas”, y son las sucesivas Cosmovisiones (vívidas) que los seres humanos construyen para aprehender la realidad y dar sentido a todo lo que sucede a su alrededor y a sus propias vidas. La fase final, decadente, de las Culturas es lo que Spengler llama “fase de Civilización” donde se ha agotado la capacidad única creadora de la Cultura en todas sus vertientes (filosófica, metafísico-religiosa, científica, artística) y predomina un modo de vivir pragmático en sociedades urbanas gobernadas ya sólo por la Técnica y el Dinero, con la destrucción de toda tradición en aras de una concepción abstracta de la realidad, sin alma, lo cual se hace al precio de constantes conflictos, guerras y crisis. Las masas desarraigadas, sin alma, se hacinan —paradógicamente solitarias— en megalópolis, se hacen descreídas y materialistas sin más apetito que el pan y el circo, ideados para el adormecimiento.
Era absurdo querer ser filósofo o artista en la Roma Imperial (fase de Civilización de la Cultura helénica), que era el sitio de los ingenieros, los políticos y los generales, es decir, los hombres de acción, con un sentido pragmático de la realidad. Ya no se pretende pensar la realidad, sino cambiarla desde la fuerza, usando las armas, el dinero, la retórica y la tecnología a su alcance. Todas las escuelas filosóficas de la época romana son reflujos de las escuelas clásicas griegas: estoicos, epicúreos, aristotélicos, neoplatónicos, etc… No hay sitio para una nueva metafísica cuando lo importante es el dinero y el poder.
Para Spengler, la democracia se ve fundamentalmente afectada por el paso de la Cultura a la Civilización. Spengler afirma que la democracia, en el ámbito de la civilización (urbana), es simplemente el arma política del dinero, y los medios de comunicación son las herramientas a través de los cuales el dinero opera un sistema político democrático. La penetración completa del poder del dinero en toda la sociedad y sus valores, es otro marcador del cambio efectivo de la Cultura a la Civilización.
La democracia y la plutocracia, al final, son equivalentes en el argumento de Spengler, que dice: “La comedia trágica de los que mejoran el mundo y los maestros de la libertad” es que simplemente están ayudando a que el dinero sea más efectivo. Los principios de igualdad, derechos naturales, sufragio universal y libertad de prensa son todos disfraces para la guerra de clases (la burguesía contra la aristocracia). La libertad, para Spengler, es un concepto negativo, que simplemente implica el repudio de cualquier tradición. En realidad, la libertad de prensa requiere dinero e implica propiedad, por lo que sirve al final al dinero. El sufragio implica elecciones, en las cuales las donaciones (ahora hablaríamos de lobby) marcan la pauta. Las ideologías propugnadas por los candidatos, ya sean el socialismo o el liberalismo, se ponen en marcha, y finalmente sirven, sólo al dinero. La prensa libre no difunde opinión libre: genera opinión guiada, según los fines del dinero, sostiene Spengler.
El análisis de Spengler de los sistemas democráticos argumenta que incluso el uso de los propios derechos constitucionales requiere dinero, y que la votación solo puede funcionar realmente como se diseñó en ausencia de un liderazgo organizado que diseña y construye el proceso electoral, cosa que siempre ocurre en las civilizaciones muy urbanizadas. Tan pronto como el proceso electoral es organizado por los líderes políticos, en la medida que el dinero lo permita, el voto dejará de ser verdaderamente significativo. No es más que una opinión registrada de las masas relativo a organizaciones de gobierno sobre las cuales no poseen influencia alguna.
Respecto a la resistencia de la “sangre”, de la “tierra”, al auge del dinero y el fracaso final de esa resistencia, Spengler piensa que se han escenificado siempre en las sucesivas derrotas de las guerras campesinas, como las de Alemania en 1525. Escribe:
En la historia económica de cada cultura corre un conflicto desesperado librado por la tradición arraigada en el suelo de una raza, por su alma, contra el Espíritu del Dinero. Las guerras campesinas del comienzo de un período tardío (en el Mundo Clásico, 700-500 a.d.c., en Europa Occidental, 1450-1650, en Egipto, al fin del imperio antiguo) son la primera reacción de la Sangre contra el Dinero, que extiende su mano desde las ciudades sobre el suelo fértil. […] El Dinero apunta a movilizar todas las cosas. La economía mundial es la economía actualizada de los valores que se han separado completamente de la tierra, y hechos fluidos. El pensamiento monetario clásico, de la época de Aníbal, transformó ciudades enteras en monedas, y poblaciones enteras en esclavos, convirtiéndose así en dinero que podía traerse de todas partes a Roma y ser usado desde Roma como un poder.
The Decline of The West
Cubierta del vol. II de la edición de 1922. Fuente: Wikimedia Commons.
El pensamiento monetario Fáustico (Occidental) “abre” continentes enteros, el poder hídrico de gigantescas cuencas fluviales, el poder muscular de los pueblos de amplias regiones, las minas de carbón, los bosques vírgenes, las Leyes de la Naturaleza (Ciencia), y los transforma a todos en energía financiera, que se presenta de una forma u otra —en forma de prensa, elecciones, presupuestos o ejércitos— para la realización de los planes de los poderosos. Los valores siempre nuevos se extraen de cualquier stock mundial que aún exista intacto, desde el punto de vista comercial, sin reclamar “los espíritus adormecidos del oro”, como dice John Gabriel Borkman; y lo que sean las cosas mismas, aparte de esto, no tienen importancia en absoluto.
Según Spengler, con el tiempo, el poder del dinero va engulléndolo todo. A medida que el poder económico va concentrándose en cada vez menos manos la democracia va convirtiéndose, cada vez más, en una pantomima donde se escoge, cada cierto número de años, al títere del día de la plutocracia. Aunque haya verdaderos intentos sinceros de reforma, éstos son estrangulados una y otra vez por la inusitada concentración de poder de que disponen las plutocracias (poder financiero, control de medios de comunicación, control de los mercados, control judicial, poder militar/policial/de inteligencia, etc…). Al final, las políticas que efectivamente se realizan, más allá de gestos vacuos de “diferenciación política”, de “mayores sensibilidades” de “matices” de “gestos”, entre los diferentes partidos —afirma— son aquellas políticas que benefician casi exclusivamente a la plutocracia.
Los ciudadanos, a medida que ven que todo este proceso sólo acelera su empobrecimiento y la concentración de riqueza y poder (que son lo mismo) en manos de cada vez menos, se van apartando de la dinámica democrática, van llegando a la conclusión de que todo el proceso está “trucado”. Es en esta tesitura histórica de las civilizaciones donde surge lo que Spengler llama el “Cesarismo”.

El Cesarismo como tendencia de la Decadencia

Coin with Julius Caesar
Denario con la efigie de Iulius Caesar.
El “Cesarismo” es la tendencia de los ciudadanos, en las fases tardías de las civilizaciones, a poner sus preferencias en figuras fuertes, autoritarias, que luchen contra los plutócratas en beneficio del pueblo, aunque el objetivo de los “césares” —por supuesto— es el poder. Así, establecen una alianza con los desfavorecidos para vencer a los aristócratas; estos individuos quieren el poder, no el dinero, y por tanto no se venden. Spengler escogió este nombre en honor de Julio César que se comportó como un populista en su momento, amenazando el poder del senado romano (la plutocracia romana) y proclamando su intención de realizar reformas en la sociedad romana que beneficiasen al pueblo en detrimento de los poderosos. Ya sabemos cómo acabó César, pero el sistema quedó tocado desde entonces y Roma pasó, así, a una nueva fase imperial.
El equivalente, anterior a Julio Cesar, eran los “Tyrannos” de la Grecia Jónica, donde el significado de la palabra tirano no tenía nada del matiz peyorativo que tiene en la actualidad, y de hecho —según parece— la mayoría ejercieron el poder con el apoyo de la mayor parte del pueblo, al menos al principio, en contra de las oligarquías existentes, en las sucesivas crisis de deudas que ocurrían recurrentemente en las nuevas economías monetarias de la zona y que originaban una concentración de la riqueza insostenibles.
Siguiendo a Spengler, podemos decir que ahora, como antaño, es la esclavitud por deudas el heraldo que anuncia la llegada del “César”.
Spengler escribió la Decadencia de Occidente en 1918, bastante antes del nazismo, pero ya olfateaba lo que podía ocurrir con posterioridad en la Gran Crisis de Deuda de finales de los años 20 y los 30’s del pasado siglo, con el advenimiento del fascismo y el nazismo, en Europa y las políticas de Roosevelt (otro hombre fuerte, que llamarían populista ahora) y que fueron consideradas en los EEUU como “fuera de todo consenso”, “comunistas” y “autoritarias” por sus detractores liberales (y que, ciertamente, en el aspecto económico se parecían a las que se estaban realizando por los regímenes fascistas europeos con sus grandes programas de empleo público keynesiano).
Quizás nos encontremos ahora en una tesitura similar, en otra Gran Crisis de Deuda, donde los ciudadanos ven sus condiciones de vidas mermadas y sujetos a una suerte de servidumbre por deudas que les llena de ansiedad y miedos al futuro, con la progresiva pérdida de las redes de seguridad tradicionales de la familia extensa y de las comunidades tradicionales, barridas por el aluvión de la Modernidad y sus secuelas de soledad generalizada —soledad en cuanto a lo que importa, el apoyo mutuo, no el “ruido” incesante y vacuo de las redes sociales—, con unos políticos que presienten meros agentes del poder (económico) real, con responsabilidad clara en el estado (lamentable) de las cosas. El llamado Populismo democrático puede ser la última barrera antes del auténtico “Cesarismo” autoritario que inicie el “Jubileo” de deudas, o la “limpieza de pizarras” o quizás algo peor…
Eso, creo, es lo que nos están diciendo las encuestas…
Otro famoso autor que se ha ocupado, como Spengler, del destino de las civilizaciones es el inglés Arnold J. Toynbee en su magnífica y voluminosa obra Estudio de la Historia, donde realiza un análisis exhaustivo de las sucesivas civilizaciones.
Al igual que en la teoría de la historia de Spengler o de Giambattista Vico, según Toynbee las civilizaciones pasan por una serie de fases “orgánicas” de nacimiento, crecimiento, esplendor, decadencia y caída. No obstante, Toynbee no es tan fatalista como Spengler o Vico en cuanto al final de las civilizaciones, y todo apunta a que la única civilización que para Toynbee se puede salvar de las fases de decadencia y muerte (caída) es la occidental, lo cual no acaba de parecerme un análisis muy objetivo.

La Decadencia de las Civilizaciones según Arnold J. Toynbee

Para Toynbee las civilizaciones nacen o se suceden por un mecanismo de “incitación-respuesta”, en el que una “Minoría Creativa” consigue dar una respuesta adecuada a un conjunto de “incitaciones” (crisis) que amenazan el cuerpo social, transformando para siempre a la propia sociedad.
Así, por ejemplo, ante los problemas demográficos y sociales de Atenas, la “Minoría Creativa” mercantil de la ciudad lideró la construcción de emporios comerciales (colonias) por todo el Mediterráneo, consiguiendo crear un estado esclavista-democrático (democracia sólo para los hombres libres adultos que puedan portar armas: la llamada democracia hoplítica); mientras que en Esparta la Minoría Creativa tomó un camino militarista y decidió que la expansión sería hacia el otro lado de la montaña y consistiría en sojuzgar a los habitantes de la ciudad de Mesenia. Así, las subsiguientes dos guerras Meseno-Espartanas acabarán configurando los rasgos militaristas y de rigidez vital de la sociedad espartana (sistema Licurgeo).
A Study of History by Toynbee
Portada de una edición resumida de la obra de Toynbee.
La decadencia de las civilizaciones, para Toynbee, sucede cuando la “Minoría Creativa” pasa a convertirse en una “Minoría Dominante” y deja de liderar a la sociedad según su capacidad de dar soluciones creativas a las incitaciones (crisis) que se suceden, y en cambio basan su legitimidad meramente en la tradición, en su capacidad de control de las instituciones y sobretodo en la fuerza, en un progresivo apartamiento del resto de la sociedad donde acaba creándose un “Proletariado Interno”, sin acceso a las decisiones políticas y con una situación socio-económica cada vez más precaria, mientras que los pueblos y naciones exteriores a la civilización se convierten en un “Proletariado Externo” que cada vez va tomando una actitud más hostil hacia la civilización, toda vez que ésta usa el militarismo crecientemente como un medio de búsqueda de recursos y de cohesión interna (el peligro exterior).
En su evolución, las civilizaciones pasan por una fase que Toynbee llama “de los Estados Parroquiales” donde se produce una lucha fratricida entre los diferentes estados que forman esa civilización; como era el caso de las Guerras del Peloponeso en la Grecia Clásica, o el período llamado “de los Reinos Combatientes” (siglos V al III a.d.c.) en la China clásica, o las 1ª y 2ª Guerra Mundial en la Civilización Occidental. El fin de este período de luchas entre estados termina con la formación de un llamado “Estado Universal” (Imperial) que inauguran un período de paz y estabilidad, pero que ya anuncia, inequívocamente para Toynbee, el período de franca decadencia de esa civilización, siendo su última fase aquella en que se forma una “Iglesia Universal”.
The End of History FukuyamaPodemos considerar al Imperio Romano como el “Estado Universal” de la Civilización Helénica, que estableció la Pax Romana y puso fin a las continuas guerras fratricidas de las polis griegas entre sí. Y podríamos considerar que los EE. UU. han establecido un “Estado Universal”, con la llamada Pax Americana, tras las dos guerras mundiales y el fin de la Guerra Fría. Los equivalentes a las “Iglesias Universales” serían, en el período romano tardío el Cristianismo como religión oficial del imperio, y en la actualidad el credo en las democracias neo-liberares en el seno de la globalización, entendidas por Francis Fukuyama como “El Fin de la Historia”.
Tengo que mencionar que Toynbee, que murió en 1975, nunca pensó que la civilización occidental había alcanzado la fase del “Estado Universal”: no parecía creer que ese podía ser el papel actual de los EE. UU., aunque aún no había caído el Muro de Berlín…
Siguiendo este razonamiento, todo apunta a que hemos alcanzado, en la civilización occidental, esa fase que tanto temía Toynbee de “cristalización” de una Minoría Dominante que intenta controlar el devenir de la civilización a través de un “Estado Universal” (República Imperial de EE. UU.) y por medio de una “Iglesia Universal” (Neoliberalismo y Globalización) ante la cual No Hay Alternativa posible (There Is No Alternative = TINA), ante los elogios del coro de sus aduladores, como Francis Fukuyama.
Pero la Historia nunca se detiene, aunque a veces no nos guste hacia adónde va. Tampoco se repite nunca, pero sí rima.

Las fases Neo-Estoica y Metafísica

Siguiendo con Spengler, la siguiente fase después del Cesarismo (o populismo autoritario), correspondería a los Neo-Estoicismos, que él identifica modernamente con el Socialismo (o el Budismo en la antigua civilización Hindú), como siguiente etapa en el proceso “adaptativo” de decadencia de la civilización, cuando continúe el deterioro sostenido de las condiciones socio-económicas y ambientales, pero que no supone un cambio profundo de la civilización (de su cultura) pues respeta el marco simbólico-mítico de la misma, es decir, sus “visiones primordiales” que van más allá, en nuestra civilización, del propio capitalismo, como muchos no parecen percibir (ver el ejemplo de los regímenes marxistas del pasado para entenderlo). Este socialismo renovado preveo que, a semejanza con el estoicismo clásico, incidirá más en los aspectos éticos que en los puramente económicos, copiará del estoicismo el profundo sentido ético de la vida, su renuncia y oposición a los valores y comodidades materiales (ahora lo llamaríamos consumismo), el cultivo de una vida frugal y virtuosa, el aprecio de la valentía personal, de la racionalidad, la aceptación del determinismo de causas-efectos en el mundo natural (progresivamente descrito como “destino”), la lucha contra las pasiones irracionales, un alejamiento de la espiritualidad per sepudiendo considerarse las religiones como válidas siempre teniendo en cuenta sólo y exclusivamente las implicaciones éticas de las mismas (la religión como puro sistema ético-racional, negando cualquier cualidad trascendente), la solidaridad y un fuerte cosmopolitismo, ya que sus partidarios se consideran ciudadanos del mundo contrarios a los localismos y nacionalismos que creen profundamente irracionales, insolidarios y destructivos.
Tampoco funcionará: históricamente supone una ralentización de la decadencia y ciertos repuntes de recuperación de la sociedad, pero los problemas inherentes persisten, como persiste la destrucción del medio natural y social donde habita la civilización. El deterioro, pues, seguirá su marcha imparable.
La última fase de las civilizaciones supone la llegada de una inevitable “Edad Metafísica” (o de la Segunda Religiosidad) fase avanzada cuando ya la decadencia de la civilización sea mucho más severa (como ocurrió al final del Imperio Romano donde el estoicismo fue abandonado en favor de sistemas metafísico-espirituales relacionados con la “Transfiguración” en el sentido que le da Toynbee), que precede a la disolución propiamente dicha de la civilización y el nacimiento de otras formas culturales, y por tanto sociales, radicalmente distintas (como ocurrió tras el fin del Imperio Romano), en medio de una fuerte dislocación social.

Epílogo

Que nadie se engañe, no soy un profeta del Apocalipsis ni nada por el estilo; este proceso que he descrito no es rápido e inmediato, sino probablemente de siglo(s). Así ha sido históricamente, aunque nuestra civilización “Fáustica”, cuya visión primordial es la ausencia de límites, probablemente acelere todo el proceso.
En general entre las personas educadas con amplia formación, pertenecientes a una civilización madura, habitantes de un mundo urbano donde (casi) todo lo que se observa es obra humana y por tanto donde todo está perfectamente controlado, y en especial en nuestra civilización cuyas herramientas principales son la Ciencia y la Técnica, que nos han permitido el control de toda la Tierra; siempre se piensa que se puede hacer algo, que se puede evitar, por ejemplo, el auge del Cesarismo, que se pueden frenar las tendencias destructivas de la decadencia de la civilización o incluso —nada más y nada menos— sustituirla, casi de la noche a la mañana, por otra Cultura, por otra Visión del Mundo, por otro Paradigma completamente distinto —o eso creemos—, que nos permita superar las crisis anidadas que tenemos encima.
Para nosotros, los civilizados, los bien educados en la causalidad y en la razón, los de buen corazón, se nos ocurre que debe ser posible persuadir a los otros de las obvias dinámicas destructivas de nuestra sociedad, desgranar los problemas, analizar sus causas y ofrecer soluciones “claras y distintas” (parafraseando a Descartes). ¿Acaso no somos, al fin y al cabo, la civilización más sabia que ha existido jamás, porque su saber se fundamenta en la Ciencia y sus verdades, y no en la mera superstición? ¿No hemos dejado nosotros atrás todos los mitos y vivimos instalados en la Razón y en las verdades que nos aportan las certezas científicas? ¿Acaso —con la inestimable ayuda de la Ciencia— no podemos diseñar un mundo distinto, donde, de forma cuasi-indolora, superemos los desafíos destructivos de nuestra civilización y su devastadora deriva? ¿Acaso no hemos acariciado ese sueño ya con la punta de los dedos y sólo falta tunear algunos pequeños fallos del sistema?
Pero, y ¿si la propia idea del Control de la realidad —incluido el ser humano—, cuyo fundamento ético deriva del proceso de la desacralización a fondo de la Naturaleza, y que está en la base de la misma Ciencia, es la raíz de la devastación que vemos alrededor?, y ¿si esa, y no otra, es la enfermedad mortal de nuestra cultura?
Nosotros los civilizados, como observadores externos, averiguamos las causas y elaboramos las estrategias bajo el Principio de Separación entre nosotros y el Mundo, y escogemos aquello que más nos conviene a largo plazo; como salvar un bosque, por los beneficios ecológicos y la belleza que eso nos aporta, o proteger a las abejas, por sus insuperables beneficios para la agricultura ecológica, o eliminar los plásticos porque dañan los caladeros de peces y ensucian las playas, o reducir el uso de los combustibles fósiles pues el calentamiento global debido al CO2creará muchos problemas que afectarán a la agricultura y a las ciudades al borde del mar, o pasar a usar coches eléctricos que contaminan menos pero nos dan esa libertad de movimientos que tanto necesitamos, etc…
Creemos que con las estrategias racionales de análisis de coste-beneficio, heredadas, epistemológicamente del Mercado (racionalidad deriva de ratio: una relación entre cantidades), podemos superar las crisis anidadas que nos acechan, entre otras las socio-política que he descrito. Sin embargo, éstas sólo reforzarán su intensidad, pues las mismas herramientas que originan un problema no sirven para su solución; nunca han servido, ni en la nuestra, ni en el resto de las civilizaciones que han existido.
No, no funcionarán, nunca han funcionado, esa misma palabra (funcionar) está en la misma base de nuestros problemas, pues define una mecánica y un fin (para nosotros). Pero así hablamos nosotros, es eso lo que somos, como hijos de la Civilización de La Máquina(Lewis Munford).
Nuestra civilización, una criatura orgánica del mundo, tiene que seguir su curso, andar su camino. Nunca fue ni la finalidad última ni será tampoco el final del largo camino humano, ni siquiera una etapa en un presunto progreso (idea propia de nuestra civilización Fáustica) en la mejora de las sociedades humanas, sino una de las muchas formas posibles de ser y pensar el mundo, de vivir como humanos, con sus muchas luces y sus muchas sombras. Una forma que deberá morir para que otras nazcan, para que la Naturaleza —siempre creadora— pueda verse en unos nuevos ojos que la mirarán de una forma completamente distinta a como lo hacemos nosotros, con el asombro de un bello mundo nuevo que renace.
Collapse
Martiño Picallo (Luscofusco).

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ACLARACIÓN IMPORTANTE:

Alguien que siga los trabajos de John Michael Greer (JMG) puede pensar que este artículo está basado en los artículos que ese autor hizo sobre el ascenso de Trump a la presidencia de USA. Esas personas podrían acusarme de burdo plagio o como mínimo de falta de horadez intelectual pues al menos debería haberlo mencionado como atribución; no lo he hecho conscientemente y voy a explicar porqué no he cometido ni plagio ni falta de honradez intelectual.

Es cierto que JMG ha hablado larga y extensamente del "Cesarismo" en particular en relación a Trump, desde hace tiempo, pero, ¿le debo yo esa atribución?

Contaré lo que, estoy convencido que ha ocurrido en este tema:

Soy un seguidor de JMG desde hace años, me atraen muchos de sus artículos (algunos más que otros y unos pocos no los comparto) y creo que es un pensador extraordinariamente interesante y original, y es por eso que en ocasiones hago comentarios a los posts de sus blogs y he intercambiado algún que otro correo (hace ya tiempo) con él

El primer artículo que en su blog (el ya desaparecido The Archdruid Report, del que existe un "mirror" con los artículos y comentarios) JMG habla en detalle de Trump y las dinámicas que le auparon, es el del enlace que adjunto más abajo el cual se publicó el día 20-1-2016:


En ese artículo (que invito que leáis porque es muy interesante), no aparece en ningún sitio mencionado Oswald Spengler o el "Cesarismo" en general relacionado con el populismo ascendente ni con el ascenso de D.J. Trump, pero si váis y buscáis en la sección de comentarios de ese mismo artículo hay un comentario mío que es el siguiente:

111DFC said...
Instead of road bombs and warbands, IMHO first what we would see is the ascent of the spenglerian “Caesarism” or any other kind of “Diocletian’s reaction” (Oswald Spengler wrote about caesarism in 1920, well before Hitler takeover, in “The Decadence of Occident” book)

Diocletian embarqued on a long series of prosecutions against dissidents (in those times manichaeans and, above all, christians) labeled as internal enemies of the roman civilization and greatness, and also in foreign wars and increase bureaucracy to collect taxes; but at the same time trying to win the “hearts and minds” of the poors through “artifacts” like the “Edict Of Maximum Prices” (301 a.d.), which was a disaster because change nothing in the land property or debt dynamics, and for this reason only make things worse (Diocletian was, at the end, only a “tool” of the patrician class)

I see in the webs of the right (libertarians, anarcho-capitalists, far right collapsists, preppers, etc.., and even in the left’s webs), a lot people issuing comments with large amounts of admiration for Vladimir Putin, as a kind of White Christian Knight that represents some of the value required for a true “Caesar”: clean white, christian, physically strong, determined, intelligent, military trained, alpha-male behaviored, relentless, fearless, powerful, really “in charge” (not a puppet of the wealthy), unconstrained by political correctness…, in short a real leader. This is a symptom of an unsatisfied “thirst” in a significant part of the population (proto-fascism?)

As Norman Cohn wrote in “The Pursuit of the Millenium” in the middle age, there were a lot of movements that believed in the inminent arrival of the “Last Days Emperor” (resurrected Frederick I “Barbarossa”), that will conquer the Holy Sepulcre and prepare the way for the “Second Coming” and the “Millennium” (and of course for some good progroms in the meanwhile), and choose some guy for this role. This was the hope of a lot of revolts of the poorest people in the nascent textile “factories” in Flanders, Hainaut, Hanseatic cities or Lombardy (the mediaeval lumpen proletariat lost all the social safety nets of the rural communities after moving to the cities). In fact I think Hitler saw himself as a kind of “last days emperor” called to set-up the “Millennium” (the thousand year Reich), following the same eschatologic tradition

The isolation of the man, the destruction of his blood bonds, his communities, make him embrace consumerism (reinforcing in a positive feedback loop) as an addiction; but when consumerism fails, destroyed isolated people return to the abstract notions of “tradition” or “nation”, in fact looking for another gravity center, for safety, meaning and rage. I think “Cesarism” is the next stop, won’t work also, but in the mean time the rage, and the blood, will flow



1/25/16, 11:47 AM

Fijaros en la fecha de mi comentario porque es importante (25-1-16). Podéis ir al "mirror" que existe de ese blog y verificar ese comentario, pues aún está ahí mi comentario

Este artículo de JMG en general es muy intersante y habla de la dinámica de clases, y de la globalización, para mostrar el ascenso de Trump, pero no lo relaciona con Oswald Spengler, ni con el "Cesarismo", ni con los colapsos/decadencias de otras civilizaciones anteriores y, según comentarios posteriores y otros posts, las siguientes fases de la sociedad en el futuro serían,para él, poco menos que las "warbands" y las "roadbombs" que para mi era un análisis erróneo (es lo que critico en mi comentario que he adjuntado), y lo que decía, en ese comentario, es que lo que nos espera en primer lugar es una fase de "Cesarismo".
Normalmente en sus artículos JMG suele responder a todos los comentaristas, en este caso se saltó esa norma, ciertamente fueron muchos los que aparecieron en ese post específico.....o simplemente no quiso responder....

En realidad pienso que lo que ocurrió fue que mi comentario le recordó a JMG sus lecturas de Oswald Spengler, que con seguridad había hecho en el pasado, pero hasta ese momento estoy convencido que no había establecido la relación entre lo que estaba sucendiendo en USA con Trump, y en el mundo con los populismos, como manifestación del ascenso del "Cesarismo" spengleriano. Es normal, el libro de Spengler tiene unas 1200 páginas, yo tuve cierta ventaja pues había leído recientemente "El Hombre y la Técnica y otros ensayos" de Spengler (de Alianza Editorial), donde, de nuevo, vuelve a resaltar esta dinámica específica (los libros de Spengler los compró mi padre en los años 70's, al igual que los 12 tomos del Estudio de la Historia de A.J. Toynbee, llevo con ellos desde siempre)

Es en su post del 24-2-16 (un mes posterior a mi comentario del 24-1-16) cuando JMG ya establece esa relación entre el ascenso de Trump y el "Cesarismo" que nunca con anterioridad había aparecido en ninguno de sus escritos:


A mi ni me interesa ni espero que Mr. Greer me de ninguna atribución respecto a la relación que ha hecho del "Cesarismo" vs. Trump y los populismos recientes, después de todo la idea es de Spengler no mía, y desde luego no puedo demostrar 100% que sea mi comentario el que le haya "iluminado" en esa senda, y es posible que pueda haber llegado a esa conclusión de forma independiente de mi (sinceramente no lo veo muy probable); pero desde luego no voy a permitir que nadie piense que le he copiado lo más mínimo o que me he basado en algunas de las ideas de JMG para escribir este artículo o en otros medios donde participo (como en Colectivo Burbuja), porque en todo caso ha sido a la inversa (en este tema específico), y esas ideas estaban ya en mi cabeza mucho antes de que JMG empezara a escribir sobre ellas; por supuesto sin quitarle sus muchos méritos a ese magnífico autor que sigo leyendo.